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Comienza el juicio contra el terrorista que atacó una sinagoga y un kebab en Alemania

La sinagoga de Halle (Alemania), blanco de un atentado en 2019. © Alex Koch/ CC

En la grabación que Stephan B. emitió en directo del atentado, negó el Holocausto y trató de matar a los fieles judíos que asistían a una celebración en una sinagoga de la localidad alemana en Halle. Pero se quedó a las puertas. Mató a una mujer en la calle y al huir con su coche, paró frente a un kebab. “Esto servirá”, comentó, antes de entrar y matar a un cliente, según la grabación visionada por The Times of Israel. El resultado de las investigaciones indica que el acusado tenía “motivaciones tanto antisemitas como islamófobas”, confirman desde la Fiscalía alemana a Salam Plan. Este martes empieza el juicio por el atentado.

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Sucedió el 19 de octubre de 2019 a medio día. Era la fiesta mayor judía, el Yom Kipur. Y el terrorista retransmitió su matanza hablando en inglés. “Lo siento, chicos. Soy un maldito idiota. No sé matar”, se lamentó tras varios intentos de abrir las puertas de la sinagoga con bombas caseras y disparos. Mientras tanto, los 52 fieles allí reunidos habían bloqueado la entrada y esperaban a la policía mientras rezaban.

El escrito de acusación afirma que el terrorista planeó el atentado por motivaciones “antisemitas, racistas y xenófobas contra conciudadanos y conciudadanas de fe judía”. Para ello se parapetó con ocho armas de fuego y varias bombas caseras. Un cúmulo de errores del terrorista evitarían más víctimas más adelante. Está acusado de intentar matar a 68 personas, además de las dos víctimas que no pudieron sobrevivir, Jana L. y Kevin S. También hace frente al delito de instigación al odio contra ciudadanos por su religión u origen.

Jana L. tenía 40 años. Pasaba por allí y “le llamó la atención sobre su comportamiento” antes de que la matara, indica el escrito de acusación de la Fiscalía alemana.

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El terrorista trató de matar a otra mujer que pasó cerca, pero se le encasquilló la pistola. Gracias a ese problema con la carga de su arma automática, tampoco consiguió disparar a otro ciudadano que le llamó igualmente la atención desde su coche.

El terrorista tomó entonces su escopeta de perdigones. Con ella, volvió a intentar acceder a la sinagoga. También lanzó un cóctel molotov. “Frustrado por un nuevo fracaso (…) decidió matar a gente de [supuesto] origen migrante”, señala la Fiscalía en su reconstrucción de los hechos. El kebab estaba al final de aquella calle. Había cuatro clientes y un empleado. Les lanzó una granada de mano desde fuera, pero su puntería falló y explotó fuera del local.

Entonces, entró en el kebab y mató a tiros a Kevin S., de 20 años, porque “creyó erróneamente que era un creyente de fe musulmana”. Era un cliente habitual del kebab, según relató entonces a Salam Plan una empleada del local, que llegó mientras el terrorista huía del lugar.

El acusado, había tratado de disparar antes a otras de las personas que allí se encontraban por el mismo motivo, pero erró el tiro y la pistola se le volvió a encasquillar. Echó mano de otra pistola, con la que primero hirió a su joven víctima y luego volvió al coche para coger la escopeta. En esa salida trató de matar a otro ciudadano que pasaba por allí “por sus orígenes”. También falló.

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Se subió al coche y condujo brevemente ida y vuelta por la calle. Intentó disparar a otros dos ciudadanos que pasaban por allí y consideró extranjeros, pero éstos huyeron. Volvió al kebab y terminó asesinando al cliente que había herido. Cuando quiso salir de allí con su coche, le bloquearon el paso dos coches de policía con cinco agentes. Les disparó cuatro veces, pero no consiguió alcanzar a ninguno.

Un policía le alcanzó en el cuello, pero el terrorista consiguió huir con su coche. Cuando intentó cambiar de vehículo disparando a una pareja, no consiguió que le dieran las llaves y se fue a pie. Finalmente consiguió las llaves de un taxi amenazando a punta de pistola en un taller mecánico cercano.

A las 13:40 finalizó su huida después de chocar frontalmente contra otro vehículo. Se encuentra en prisión preventiva desde su detención.

La mujer a la que mató, Jana L. era una persona alegre, amante de la música, tal y como la describieron quienes la conocieron, según el diario alemán Die Welt. Kevin S. trabajaba como pintor en unas obras cercanas a la zona del atentado y era un ferviente seguidor del equipo de fútbol local Halle F.C.

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