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Sobrevivir al límite en tiempos de coronavirus: así luchan refugiados y migrantes en todo el mundo

Entrega de material higiénico para grupos vulnerables durante la pandemia del coronavirus en Nigeria como parte de la colaboración entre Acnur y el Gobierno. © Acnur/ Gabriel Damilare Adeyemo

El confinamiento en España ha puesto al límite a Christopher, que no puede salir a ganarse el pan. Las salidas de pateras para cruzar el Mediterráneo hacia Italia y Malta se han duplicado aunque sus puertos permanezcan cerrados por el coronavirus. Mientras, el campo de refugiados más grande del mundo acaba de sufrir su primer contagio.

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“Antes del Covid19 siempre salía a ver cómo sobrevivir. Ahora llevo dos meses sin pagar el alquiler. El casero me ha dicho que si no le pago cuando se cumpla el tercer mes, me tengo que ir”. Christopher tiene hasta el 10 de junio, o acabará en la calle, cuenta por teléfono a Salam Plan.

Vive en un municipio de las regiones que continúan en fase 0. Antes de la crisis del coronavirus solía trasladarse a otro pueblo de su región para tratar de hacer algo de dinero. Allí había conseguido hacerse un hueco a la salida de un supermercado, ayudando a llevar la compra a las personas mayores o despachando algún trabajillo que le salía ocasionalmente. Aunque es solicitante de asilo, aún no tiene permiso para trabajar. Tiene cita el martes que viene para que le entreguen la tarjeta amarilla que le permitirá buscar trabajo de acuerdo con la ley española para los demandantes de asilo. Antes de huir de la violencia en su Nigeria natal, fue taxista.*

“Llevo dos meses sin pagar el alquiler. El casero me ha dicho que si no le pago cuando se cumpla el tercer mes, me tengo que ir”

Christopher, solicitante de asilo

El confinamiento por el coronavirus y las restricciones a la movilidad le han obligado a renunciar a los pocos ingresos que conseguía: “No me muevo, no voy a ningún sitio”. Él no puede mostrar un documento que certifique que va a trabajar y así poder comprarse comida o pagar los 300 euros que le cuesta su habitación en un piso compartido pero solitario, donde el otro inquilino es una persona con la que no se relaciona. Está saliendo a flote gracias a la ayuda un par de conocidos.

La voz de Christopher -que habla en inglés- al otro lado del teléfono suena serena. No es la primera vez que este hombre de 40 años se enfrenta a una situación crítica y su fe le ayuda a confiar en que sobrevivirá, “con la gracia de Dios”. Como cuando atravesó el desierto y el Mediterráneo en lo que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), perteneciente a la ONU, ha calificado “la ruta migratoria por mar más peligrosa del mundo”. Llegó a España en diciembre de 2018.

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“No había otra forma de salvar mi vida que huyendo de Nigeria”, asegura. Allí sigue su hija de 14 años, pero “está bien”. Dice que él, también: “Estoy bien. No estoy enfermo; lo único es mi situación financiera”.

La violencia en el país de Christopher continúa. En un solo mes, el pasado abril, la “violencia persistente” en el noroeste de Nigeria forzó a unas 23.000 personas a huir al vecino Níger en busca de seguridad, informó recientemente la Agencia de la ONU para los Refugiados, Acnur. A pesar de los cierres fronterizos por la pandemia, se está permitiendo a cruzar a las personas que buscan refugio. Pero en el país vecino también están “lidiando con situaciones de inseguridad” en diversas zonas, de acuerdo con Acnur.

Refugiadas tuareg en Níger cocinan sopa para generar ingresos con los que subsistir. © Acnur/ Jean-Sebastien Josset

Las huidas por el Mediterráneo aumentan sin barcos de ONG para rescatarlos

En el norte del continente africano, las salidas de pateras se han multiplicado durante la crisis del coronavirus. El pasado abril fueron el doble de personas las que intentaron llegar a Italia y Malta en comparación con el mismo periodo del año pasado, según la OIM.

Pero desde el día 9 de ese mismo mes, los puertos de ambos países permanecen cerrados por razones sanitarias. Y actualmente ninguno de los barcos de ONG que suelen realizar rescates en el Mediterráneo central está operativo: el Ocean Viking de Médicos Sin Fronteras y SOS Mediterranée zarpará tan pronto como le sea posible, han asegurado. El Open Arms está en parada técnica y revisión desde mediados de febrero en Barcelona. Y tanto el Aita Mari como el Alan Kurdi están bloqueados en Italia tras sus últimas misiones.

Rashid Ibrahim es un sastre sirio refugiado en Alemania. Hace mascarillas con su máquina de coser para donarlas a personal sanitario y pacientes. © Fatima Ibrahim

La ONU pidió a principios de mayo que se dejara a estos barcos ejercer los rescates. El portavoz del Alto Comisionado para los Derechos Humanos del organismo, Rupert Colville, se mostró alarmado por el presunto “impedimento al trabajo humanitario” y los informes de supuestas devoluciones de pateras a alta mar.

“Nos preocupan especialmente las informaciones de que las autoridades maltesas pidieran a barcos comerciales empujar a embarcaciones en peligro con migrantes y refugiados de vuelta a alta mar”, comentó en una rueda de prensa virtual. “También hacemos un llamamiento para que las restricciones al trabajo de (los) rescatadores (humanitarios) se levanten inmediatamente. Medidas así están poniendo vidas en peligro claramente”.

“Las restricciones al trabajo de los rescatadores humanitarios se deben levantar inmediatamente. Medidas así están poniendo vidas en peligro claramente”

Rupert Colville, portavoz Dererechos Humanos de la ONU

A sus rescates, siempre se han sumado barcos de carga u otras embarcaciones que navegaran cercanas a un naufragio, que tienen que socorrer a las personas de acuerdo con las leyes marítimas internacionales. Un barco de carga alemán rescató a 78 personas el 3 de mayo, tras recibir la orden del Gobierno maltés. Después Malta denegó el desembarco por tener sus puertos cerrados. 5 días después, el carguero pudo desembarcar a las 78 personas rescatadas en la vecina Sicilia. Pero después de un par de días en un centro de acogida de la isla italiana, llegó un ferry al que tuvieron que trasladarse para guardar 14 días de cuarentena, han informado los medios locales.

Mientras, otras 162 personas rescatadas en aguas maltesas esperan en barcos turísticos alquilados por el Gobierno de Malta. La intención del Ejecutivo es que nadie desembarque en el país antes de que los Estados miembros de la Unión Europea se pongan de acuerdo en la reubicación de las personas rescatadas.

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Colville ha recordado que los guardias costeros de Libia, principal punto de partida de pateras, no ofrecen una solución real a los náufragos. De vuelta en ese país sufren “tortura, malos tratos, violencia sexual y falta de atención médica” en los centros de detención donde les ubican. Ello sin contar quienes acaban desaparecidos en centros de detención no oficiales, como ha denunciado la Organización Internacional para las Migraciones.

“Junto con una fuerte escalada en los combates en el último mes, el país también ha registrado sus primeros casos confirmados de Covid19. Esto ha llevado a restricciones más estrictas a la circulación, lo que hace que sea casi imposible para los refugiados y solicitantes de asilo encontrar trabajo, mientras que el costo de la comida y el alquiler han aumentado”, explica Acnur sobre el aumento de las salidas en patera hacia Europa.

En los primeros cuatro meses de este año, los guardias costeros libios han recogido a 3.078 refugiados y migrantes en el mar, en comparación con 1.126 en el mismo período del año pasado. Pero recordemos que los datos indican que actualmente huyen aproximadamente el doble de personas por el Mediterráneo central. Por eso la OIM ha alertado sobre los “naufragios invisibles”, algo que ni siquiera se conseguía evitar cuando los barcos humanitarios estaban en la zona.

Atención primaria en el campo de refugiados nº24 de Cox’s Bazar (Bangladesh). © Nate Webb/ OIM

El mayor campo de refugiados del mundo sufre el primer caso

A miles de kilómetros de allí, en el campo de refugiados más grande del mundo, hace poco una persona sufrió el primer contagio de coronavirus. De acuerdo con el Gobierno de Bangladesh, una persona refugiada rohingya dio positivo en Covid19 en el asentamiento de refugiados Kutapalong el 14 de mayo. Además, también han resultado positivas las pruebas de otra persona de la comunidad local de acogida de este país del Asia oriental.

Acnur, que trabaja sobre el terreno junto al Gobierno bangladesí y ONG locales, indica que enseguida “se activó a los equipos de investigación rápida” para estudiar ambos casos, iniciar el aislamiento y el tratamiento de los pacientes, localizar a sus contactos para ponerlos en cuarentena y realizarles los tests, en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde que se comenzaron tests a principios de abril en la zona y hasta el 14 de mayo, únicamente se habían realizado las pruebas a 108 personas refugiadas de un total de 860.000.

“El fuerte impacto que podría causar la enfermedad en los asentamientos de refugiados, que cuentan con una altísima densidad de población es motivo de gran preocupación”

Acnur

Los rohingya son una minoría musulmana que huye de la violenta persecución en Myanmar (la antigua Birmania) desde hace años. Con matanzas perpetradas por los propios militares del país, la situación fue calificada de “genocidio” por la ONU ya en 2018 y el caso está siendo juzgado en la Corte Penal Internacional.

“El fuerte impacto que podría causar la enfermedad en los asentamientos de refugiados, que cuentan con una altísima densidad de población es motivo de gran preocupación”, reconoce Acnur. La Organización Internacional para las Migraciones ha manifestado igualmente su temor a que el coronavirus se extienda rápidamente en las precarias situaciones de los campos de refugiados de todo el mundo, donde actualmente se están produciendo los primeros contagios.

Un médico venezolano atiende a refugiados y lugareños en Ecuador. © Acnur/ Jaime Giménez Sánchez de la Blanca

“Cada vez más vulnerables”

La otra gran preocupación de la OIM actualmente son las deportaciones y devoluciones en caliente que se reportan en distintos lugares del globo. “Los retornos forzosos deben ser suspendidos en época de coronavirus”, manifestó la agencia internacional en un comunicado este mes.

Desde Médicos Sin Fronteras han llamado la atención sobre las deportaciones de Estados Unidos al resto del continente americano. Advierten de que esto implica un riesgo añadido a la violencia de la que huían y a la que son devueltos en Guatemala, Honduras, El Salvador… El proceso “supone el traslado colectivo de personas desde el epicentro de la pandemia Covid19, a países con menores tasas de transmisión de la enfermedad y que podría exacerbar la crisis de salud pública en la región”. En Nuevo Laredo (Tamaulipas, México), un albergue en los que MSF trabaja ha tenido que cerrar sus puertas a nuevas admisiones después de que quince personas resultaran contagiadas por el coronavirus después de tener contacto con una persona deportada desde EEUU.

“Durante este confinamiento, todos estamos valorando nuestros hogares, nuestros refugios, para protegernos de un virus que no tiene fronteras y estamos siendo conscientes que todos necesitamos un hogar”

Juan Antonio Moreno, Goya al mejor corto documental por Nuestra vida como niños refugiados en Europa

“El coronavirus está presionando a nuestras sociedades de formas que nunca hubiéramos imaginado. A los refugiados y migrantes venezolanos, la pandemia los expone a dificultades aún mayores, ya que muchos ahora luchan por sobrevivir, lejos de casa”, ha dicho por su parte Eduardo Stein, representante conjunto de Acnur y la OIM para refugiados y migrantes de Venezuela. “Los venezolanos en toda la región ahora se enfrentan al hambre, la falta de acceso a la atención médica, las perspectivas de la falta de vivienda y la xenofobia”, ha asegurado. En definitiva, son “cada vez más vulnerables”.

Juan Antonio Moreno, director de cine y Goya al mejor corto documental 2020 por Nuestra vida como niños refugiados en Europa, colaboró con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) para realizar el cortometraje “Refugio”. Recientemente comentó: “Durante este confinamiento, todos estamos valorando nuestros hogares, nuestros refugios, para protegernos de un virus que no tiene fronteras y estamos siendo conscientes que todos necesitamos un hogar. Ahora está en nuestras manos proteger el derecho al asilo para que las personas más vulnerables que se han visto obligadas a abandonar sus hogares también sientan que no están solas”.

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*Si quieres ofrecer trabajo a Christopher, ahora que va a obtener el permiso, puedes escribir a [email protected].