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La inesperada amistad que unió Bataclan: el padre de uno de los terroristas con el padre de una víctima

Azdyne Amimour (izq) y Georges Salines (dcha). © Robert Laffont

Parecían condenados a odiarse, o al menos a no querer dirigirse la palabra. Pero nada más lejos de la realidad. El atentado en la sala Bataclan de París les unió de una forma que nunca habrían pensado.

Lola Salines tenía 28 años cuando la entrada que le sobraba a una amiga para el concierto de los Eagles of Death Metal la llevó a Bataclan. Fue la noche de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en la capital francesa.

Samy Amimour tenía también 28 años y después de haberse unido al Daesh en Siria, había vuelto a su hogar junto a otros terroristas para acabar asesinando a 131 personas y dejar marcadas de por vida a tantas otras. Su padre Azdyne y su familia también se sienten víctimas del horror que causó su hijo sin que ellos pudieran hacer nada por evitarlo. Georges, el padre de Lola, lo comprende.

Hoy Georges Salines y Azdyne Amimour hablan con afecto entre ellos. Se escuchan, se ceden la palabra. Poco parece importar que cada uno esté ahora en otra ciudad sin verse y al otro lado del teléfono para realizar esta entrevista. Se entienden y se respetan desde que se encontraran por primera vez en febrero de 2017 a petición Azdyne Amimour.

“Lo que nos acerca es mucho más importante que lo que nos separa”

Georges Salines

Brutal y conmovedor a la vez es el testimonio conjunto que ofrecen en el libro que estrenan coincidiendo con el quinto aniversario de los atentados de París. Nos quedan las palabras (‘Il nous reste les mots’, Ed. Robert Laffont; también disponible en inglés) es una oportunidad única para ser testigos de las reflexiones de estos dos padres, conocer sus vivencias, sus gustos comunes, cómo eran sus hijos… E incluso cómo viajó Azdyne Amimour a Siria un año y medio antes de los atentados para intentar hacer entrar en razón a su hijo.

Es también una puerta abierta al diálogo sincero en el que ambos nos invitan a participar, al igual que lo hacen en esta entrevista con Salam Plan, la primera con un medio escrito en español. Georges Salines se pone al teléfono desde París y Azdyne Amimour desde Lieja (Bélgica).

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¿Cómo están cinco años después de los atentados ?

GS : Cinco años después, he aprendidoa vivir mi nueva vida, porque todo cambió para mi el 13 de noviembre de 2015. He trabajado mucho para hacer el duelo por mi hija, para poder seguir viviendo y conseguir ser feliz. Me ha ayudada la escritura y la entrega al servicio de la lucha contra la intolerancia, la violencia y el extremismo. Eso da sentido a mi vida.

AA: Para mí es parecido. Cinco años después, es un momento de tristeza. Pero hay que estar ocupado, hay que intentar mantenerse ocupado con la escritura, la lectura… Uno intenta remontar un poco.

Usted también trabaja por el diálogo con el señor Salines.

AA: Sí, lo intentamos. Hace falta comunicar, discutir, hace falta un debate. Sabemos que hay detractores, hay gente que no está a favor del contacto entre Georges y yo. Pero acabarán aceptándolo, porque hacemos cosas que van en la buena dirección.

Sr. Salines, ¿qué cree usted que diría Lola sobre su amistad y el libro?

GS : Me lo preguntan a menudo y no quiero dar una respuesta demasiado firme, porque mi hija ya no está aquí para expresar lo que ella necesite decir, y yo no puedo hablar en su lugar. Dicho esto, ella era una persona extremadamente generosa, abierta, tolerante… Que jamás se ponía en una posición de juzgar a nadie. Así que en mi fuero interno, estoy convencido de que le habría dado el visto bueno.

“Lola era una persona extremadamente generosa, abierta, tolerante… Que jamás se ponía en una posición de juzgar a nadie”

Georges Salines

Al final del libro cada uno de ustedes escribe una carta al hijo del otro. ¿Qué querría transmitir usted a Lola, sr. Amimour?

AA: Le pido perdón en nombre de mi familia, de mi hijo… bueno, mi hijo está muerto, no puede pronunciarse. Comparto la tristeza con los padres de Lola, con Georges.

Quizá se busca demasiado a menudo a los culpables de los errores de los hijos en los padres.

GS: Desde luego, y eso estuvo en el corazón de echar a andar el libro. En Francia, frente al terrorista que reivindica pertenecer al islam, mucha gente -por desgracia-, y muchos políticos también, reaccionan siendo hostiles a la religión musulmana y a los musulmanes en su conjunto.

Y para mí eso es un error moral, porque la mayoría de los musulmanes no tienen absolutamente nada que ver con este terrorismo yihadista. Pero además es del todo contraproducente, porque si se transmite permanentemente a los musulmanes el mensaje de que no hay lugar para ellos en nuestro país, se lo van a acabar creyendo. Y eso puede facilitar el nacimiento o el reclutamiento de nuevos terroristas, de nuevos extremistas.

Es necesario distinguir entre culpables, cómplices e inocentes. Y entre los inocentes, también puede haber padres de terroristas.

“Pido perdón en nombre de mi familia. Yo no soy un terrorista, mi familia no es una familia de terroristas… Yo también soy una víctima”

Azdyne Amimour

AA: Como indica el título del libro, nos quedan las palabras. Junto con Georges, hemos intentado hacer algo para explicar a la gente, para mostrar que existe la posibilidad de discutir, de dialogar…

Cuando me reuní con Georges la primera vez, le expliqué que yo no soy un terrorista, que mi familia no es una familia de terroristas, que yo también soy una víctima… Y creo que hay soluciones para tratar de atenuar las cosas. Pero haría falta que las autoridades hicieran algo también. Hay soluciones, pero no hay demasiada voluntad para hacer avanzar las cosas.

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¿Creen que la lucha contra lo que Emmanuel Macron denomina el “separatismo islamista” es la manera apropiada? Él reivindica que su plan no tiene nada que ver con estar contra el islam, pero varios activistas musulmanes consideran que hay cierta islamofobia en ello.

GS: La cuestión de la islamofobia es bastante compleja, porque hay ciertos extremistas islamistas que durante un tiempo han buscado retirar toda legitimidad a la gente que les criticaba tratándolos como islamófobos. Así que el término “islamofobia” en Francia ha tomado una connotación tan dudosa, que mucha gente -incluido yo mismo- evitan utilizar. Porque mezcla cosas como el racismo con una crítica que puede ser completamente legítima.

Pero por supuesto hay mucha gente, muchos políticos que dicen cosas que son contraproductivas. Usted hacía alusión a la Ley contra el separatismo religioso y el discurso del presidente Macron… Yo escuché muy atentamente al presidente Macron durante la presentación de la ley y después durante su discurso en el homenaje al profesor Samuel Paty, y estoy bastante de acuerdo con todo lo que dijo.

Por el contrario, ciertos ministros de su gobierno han dicho cosas que eran aberrantes. Por ejemplo, el ministro del Interior, que dijo tras la muerte de Samuel Paty que se sentía incómodo al ver en un supermercado estanterías de comida “comunitaria”, es decir halal. Fue una declaración completamente estúpida, sin ningún sentido.

“Yo soy creyente y practicante. Para mí, el islam es una religión bonita. Pero hay charlatanes, imanes que no tienen nada que ver con el islam”

Azdyne Amimour

AA: Es innegable que la islamofobia existe y lo que a mí me gustaría decir es que yo soy creyente y practicante. Entiendo a Georges, porque es ateo. Para mí, el islam es una religión bonita, todo es bueno en el Corán. Basta con saber leerlo, interpretarlo bien, comprenderlo bien.

Pero hay charlatanes, hay imanes que no tienen nada que ver con el islam. Hay gente que no entiende nada del islam, gente que se cree que sabe mucho… Es complicado explicarlo en algunos minutos, pero yo me siento bien en esta religión.

¿Qué le diría a su hijo hoy? Usted intentó convencerle para que volviera a Francia cuando descubrió que estaba en Siria como terrorista.

Le diría que cometió un error eligiendo ese camino. Yo no tomé el mal camino a pesar de una vida difícil, una infancia difícil. Pero no todos los dedos de una mano son idénticos [como dice un refrán francés]: hay gente que sabe resistir, hay gente que es débil y se utiliza realmente su vulnerabilidad para manipularlos y transformarlos en manos de charlatanes.

Sr. Saline, ¿qué le diría usted a Samy, como le llama usted mismo ?

GS : Le diría : ‘¿Por qué hiciste todo eso ? Te equivocaste y causaste mucho mal a personas que no te habían hecho nada.

AA : Incluida su familia.

GS : Desde luego, Azdyne. [También le diría:] Con esto no ganarás el paraíso.

El primer encuentro entre ustedes se produjo algo más de un año después de los atentados, a petición del señor Amimour. Supongo que no fue fácil para ninguno de ustedes.

GS: Azdyne me pidió vernos. Yo estaba un poco nervioso al principio, pero se pasó muy rápido, fue muy bien. Intercambiamos [nuestras experiencias], simpatizamos. No, no fue tan difícil.

AA: Quizá lo difícil fuera el primer paso, pero había que darlo. Pero no somos bestias, somos seres humanos. Intentamos (comprendernos).

“Georges es un verdadero ‘gentleman’, alguien majo, amable, que acepta la comunicación. Estoy muy, muy, muy contento de haberlo conocido”

Azdyne Amimour

“Azdyne es un hombre muy abierto, muy cálido y simpático”

Georges Salines

¿Qué han aprendido el uno del otro desde que se conocieron en febrero de 2017? ¿Qué destacarían del otro?

GS: Hemos aprendido que tenemos diferencias, pero que tenemos muchas cosas en común. Fundamentalmente, que somos dos seres humanos y que lo que nos acerca es mucho más importante que lo que nos separa.

AA: Tenemos muchas cosas en común: ambos hemos vivido en Egipto, hemos seguido la misma literatura, hemos simpatizado con el Partido Comunista… Hay cosas en las que no podemos estar de acuerdo, pero es normal y sobre el fondo estamos de acuerdo. Cada uno respeta la opinión del otro.

Georges es un verdadero gentleman, alguien majo, amable, que acepta la comunicación. Estoy muy, muy, muy contento de haberlo conocido.

GS: Azdyne es un hombre muy abierto, muy cálido y simpático, y que no se está quieto. Es incapaz de quedarse durante un tiempo prolongado en el mismo sitio. [Ríen ambos].

Ahora, con el confinamiento en Lieja (Bélgica), debe de ser difícil, sr. Amimour.

AA: Sí [rie]. Estoy atrapado, no le digo en qué estado… Estoy sin calefacción central, duermo con tres jerseys… Pero hay situaciones peores. Hay niños en Siria que viven con un calor de 45-50 grados, y después en invierno, llega el frío, el viento y viven en tiendas de campaña… Habría que intentar repatriar a estos niños [franceses], inocentes [hijos de terroristas]. Me parece inhumano.

A propósito de los [padres] yihadistas, hay que hacerles venir, que sean juzgados y después condenados. Y además de eso, sería una fuente de información para las autoridades. Poder interrogarles para comprender cómo han llegado a eso, por qué se fueron.

Su nieta también está allí.

AA: Tengo una nieta que también está allí. Pero son 250 niños.

GS: Estoy completamente de acuerdo con Azdyne. Esta situación de niños franceses y de otros países europeos que están en Siria es absolutamente escandalosa.

“Nos quedan las palabras”, dice el título de su libro. El diálogo es la clave para ustedes para poner fin al odio. ¿Estamos listos los ciudadanos para un diálogo abierto y respetuoso?

AA: Hay que intentar estar listos. No nos podemos quedar así, de brazos cruzados. Hay que hacer algo.

GS: Yo creo que la mayoría de la gente está dispuesta a dialogar. Me encuentro con mucha gente de distintos ámbitos, veo también las encuestas de opinión… Siempre estamos preocupados, porque vemos a gente expresar discursos de odio y de rechazo al otro. Pero de hecho, la gran, gran, gran mayoría de los ciudadanos estás dispuestos a hablar. Y cuando se comienza a hablar, terminan por comprenderse mejor.

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