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El padre del pequeño Xavi asesinado el 17 A revela su conversación con el imán al que abrazó

El pequeño Xavi con su padre, Javier Martínez. Foto cedida

Javier Martínez necesitaba pedirle explicaciones sobre los asesinos de su pequeño Xavi de tres años, que había muerto por unos terroristas que decían actuar en nombre de su religión. Hoy este padre tiene claro que el atentado no fue por un asunto religioso y que los musulmanes son “personas como nosotros”. Y en esta entrevista con Salam Plan pide a todos que conozcamos a las personas, porque “un mundo más plural y abierto” es lo que -en su opinión- frena el racismo y la violencia que acarrea.

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De Xavi tengo muchos recuerdos de momentos bonitos. Su desparpajo cuando te contestaba: Una vez le estaba riñendo, vino corriendo y le dije: “Xavier Martínez, ven aquí” y cuando vino corriendo, frenó, derrapó, se me queda mirando, levanta la mano y me dice: “Tranqui, torito”. Detalles como ese son los que se te quedan en el alma. Sobre todo, lo bonito que era. Tenía mucha luz. Era muy inteligente. Aunque fuera el más pequeño de todos los primos, decía: “Papa, yo grande”. Quería estar en todo, dominar las cosas. Le gustaba mucho cantar. Y ayudaba en todo. Él siempre estaba dispuesto a ayudarte en todo. Cualquier cosa: llevar una garrafa de agua, hacer la comida, hacer la cama… Todo. Él siempre: “Papa, yo ayudo, yo ayudo, papa”. A su abuela, sobre todo a su abuela.

“Xavi tenía mucha luz. Era muy inteligente. Decía: ‘Papa, yo grande’. Le gustaba mucho cantar. Y ayudaba en todo”

El pequeño Xavi tenía solo tres años cuando los terroristas de Ripoll acabaron con su vida en el atentado de Las Ramblas en Barcelona el 17 de agosto de hace dos años. Su padre quiere que se le recuerde a él, al tío-abuelo del niño -Paco-, “una muy buena persona”, y a las otras 15 víctimas mortales de los ataques en la Ciudad Condal y en Cambrils. A Javier Martínez le gustaría que se supiera cómo era cada una de ellas, cómo vivían. “Para que la gente se dé cuenta de que eran como cualquier persona, como ellos”.

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No le interesan más reportajes sobre la tragedia. “Te voy a hacer una pregunta: ¿Tú te acuerdas de algún nombre de una víctima del 11-M? 192 personas eran. ¿Y de las 16 de Barcelona y Cambrils? Xavi y Paco, ya está, ¿no?”. Este padre critica que se conozcan los nombres de los terroristas, mientras los nombres y vidas de las víctimas mortales caen en el olvido. Ana, Bruno, Carmen, Elke, Jared, Julian (otro niño, de 7 años), Ian, Luca, Maria y Maria, Paco, Pau, Pepa, Silvina, Xavi y una turista alemana que falleció días después a causa de las heridas y cuya identidad no trascendió…

Javier Martínez quiere que la muerte de Xavi “sirva para algo bueno”. Foto cedida

El abrazo del diálogo

Tras perder a su pequeño, Javier quiso conocer al imán de su localidad, Rubí. Y la imagen de ambos fundiéndose en un abrazo espontáneo dio la vuelta al mundo. “Te vamos a cortar el cuello en una plaza, amigo de los moros”, le amenazó alguien poco después. Javier desvela ahora en Salam Plan cómo fue aquel encuentro con el imán tras el asesinato de su hijo por un grupo que decía actuar en nombre de su religión. Cuenta que necesitaba pedirle explicaciones.

Yo quería hablar con él y decirle que qué había pasado y que yo no iba a Marruecos a matar a niños de tres años. Y que ellos venían aquí a nuestra tierra, eran acogidos, mi hijo jugaba en el parque con niños marroquíes, con niños musulmanes, compartimos con ellos la vida, trabajamos con ellos… Le dije que dieran un paso adelante, que abrieran el gueto y que se integraran más con nosotros o que si no se integraban más, habría un problema gordo y serio; esto acabaría mal, como en Francia, como en muchos sitios.

“Ese hombre lo único que hacía era llorar y pedirme perdón y rezar y decir que ellos no habían sido, que no tenían la culpa, que el Corán no manda matar a ningún niño, que el que mate a un inocente tiene el infierno”

Tuve una conversación con él mucho rato. Ese hombre lo único que hacía era llorar y pedirme perdón y rezar y decir que ellos no habían sido, que no tenían la culpa, que el Corán no manda matar a ningún niño, que el que mate a un inocente tiene el infierno”, recuerda al otro lado del teléfono.

Fue entonces cuando la alcaldesa de Rubí -que había facilitado el encuentro- les preguntó si podrían bajar a las puertas del Ayuntamiento, donde había una concentración, porque en aquel momento había “un ambiente muy feo con el tema del racismo”. Y surgió el abrazo. “Le abracé, porque me salió. Fue una cosa que te sale del alma, fue espontánea”, recuerda. La madre de Xavi también abrazó al imán.

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Para Javier ahora no hay género de dudas: el atentado “no ha sido un tema religioso”, sino político: “Todos los atentados son política”. Trabaja y convive con musulmanes en su barrio –el 43% de los musulmanes en España son españoles, según el Observatorio Andalusí- y agradece que a título particular le mostraran su rechazo frente al atentado. Pero al mismo tiempo reconoce su decepción con “el colectivo musulmán”, que considera que “ha estado muy callado”. Cuenta que el presidente de la comunidad musulmana de Cataluña habló con él: “Me pidió disculpas, porque me dijo que no habían estado a la altura para acompañarnos, hablar con nosotros. Pero creo que tienen miedo”.

Para Javier, “las personas musulmanas son personas como nosotros, somos muy parecidos. La creencia en un Dios o en otro no veo que sea la gran diferencia entre nosotros”. Preguntado por el atentado reciente contra hispanos en El Paso (EEUU) o el que sucedió en una mezquita de Christchurch (Nueva Zelanda), Javier confiesa que con cada atentado le “duele el alma y el corazón”.

“No seamos racistas, no tengáis odio a las comunidades, porque realmente lo que evita esos atentados y lo que frena esas guerras es conocer a las personas; un mundo más plural y abierto”

“No seamos racistas, no tengáis odio a las comunidades, porque realmente lo que evita esos atentados, y lo que deja sin fuerza y sin armas a los que utilizan a estas personas, y lo que frena esas guerras es conocer a las personas. Un mundo más plural y abierto es lo que frena todo esto”, pide.

Hay que convivir con las personas y ser personas, sobre todo. Ser personas, conocer gente y no meterse en problemas con nadie. Hay una línea bonita de la vida y si hay algún problema, hay que intentar solucionarlo. Eso es lo que les enseño a mis hijas y lo que le enseñé a mi hijo pequeño”.

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Amenazas anónimas por teléfono

Javier Martínez ya no descuelga su teléfono si le llaman desde un número no identificado. No ha vuelto a recibir más amenazas “de tipo racista”, pero sí de otro tipo, asegura: “Me dicen que pare de investigar y de preguntarle a las personas lo que quiero saber, porque tengo más familia”. Mensajes como éste los recibía normalmente desde teléfonos ocultos y asegura que lo único que consiguen es hacerle sentir que va por “el camino correcto”.

Necesita que la muerte de su pequeño “sirva para algo bueno”. “Lo más duro de todo es que te asesinen a tu hijo y te digan: ‘No hables con nadie, no hables con las asociaciones y vete a llorar a casa’. Eso me dijeron los del Ministerio del Interior. Esa fue la frase que me hizo arrancar todo esto”. Cree que pudo ser una frase desafortunada sin segundas intenciones, pero eso no quita que quiera saber “qué ha pasado”, o al menos “saber lo que falló, y que la gente que falló lo reconozca y cambien los protocolos. Da igual quién tenga la culpa; yo lo que necesito es sentirme más protegido, sentir que la muerte de mi hijo ha servido para algo y eso me ayudará a seguir adelante”.

“Lo más duro de todo es que te asesinen a tu hijo y los del Ministerio del Interior te digan: ‘No hables con nadie y vete a llorar a casa’”

Javier Martínez da por “prácticamente demostrada” la presunta relación del CNI con el líder de la célula terrorista como confidente cuando se produjeron los atentados del 17 de agosto de 2017, según el diario Público. El CNI admitió hace tiempo y públicamente contadas tomas de contacto dentro de los protocolos habituales, cuando Abdelbaky Es Satty estuvo preso por narcotráfico unos años antes, pero negó una relación más allá.

Actualmente hay abierta una comisión de investigación al respecto en el Parlamento de Cataluña y en el Ayuntamiento de Barcelona, pero no en el Congreso de los Diputados, como pide este padre. El director del CNI, Félix Sanz Roldán, compareció a puerta cerrada en el Congreso hace un año con respecto a este asunto, lo que el PSOE ha esgrimido como argumento para no abrir una comisión. La comparecencia del jefe de los servicios secretos fue ante la Comisión de Gastos Reservados del Congreso.

Pero lo que más le preocupa es la causa abierta en la Audiencia Nacional por los atentados del 17-A, en la que se ha personado. Lo hace por su cuenta, porque reconoce que mucha gente no está de acuerdo con él. Javier Martínez quiere acusar al Estado “como mínimo de negligencia” por su presunta relación con Es Satty como confidente. Subraya que no lo hace por él, sino por todos, para que no se repitan errores de los que se pueda aprender.

A la Generalitat le pide una atención o normativa adecuada para la atención a las víctimas de terrorismo, como lo hay en otras comunidades autónomas.

Por otra parte, considera importante disponer de una lista pública de todos los imanes de las mezquitas españolas y que se evalúen sus antecedentes penales. No cree que esto contradiga su mensaje del abrazo. Desconfía después de que el jefe de los terroristas que mataron a su hijo resultase ser un imán en Ripoll y exconvicto en España por narcotráfico. Cabe recordar que Es Satty moldeó su célula terrorista al margen de la mezquita y fue rechazado públicamente por representantes del templo tras conocer su papel en los atentados. “Si el fallo fue del imán, hay que tener una lista de esas personas, ¿no? Si ellos no tienen nada que esconder y su discurso es bonito, del Corán, ¿por qué no quieren saber quiénes son los imanes?”, argumenta.

El padre de Xavi no es una víctima oficialmente

Hasta el momento, el Ministerio del Interior ha reconocido como víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils a 96 personas. El padre de Xavi no es una víctima oficialmente, porque la Ley exige que sean personas presentes en el lugar de los hechos. Y él no estaba en Las Ramblas cuando su hijo de tres años perdió la vida atropellado por un terrorista de la célula de Ripoll.

El Estado sí puso asistencia psicológica a disposición del núcleo familiar, aunque para la hermana mayor de Xavi tuvieron que pedir la ayuda aparte, porque inicialmente había quedado excluida. “Creo que hay muy poca ayuda, sobre todo en los primeros momentos. Yo no digo que tengan que estar toda la vida con nosotros, pero al principio sí que necesitas mucha más ayuda”.

“Necesito asumir la muerte de mi hijo, porque superarla no se supera. Me gustaría seguir adelante, porque mi hija la pequeña se lo merece”

Necesito asumir la muerte de mi hijo, porque superarla no se supera. Me gustaría seguir adelante, porque mi hija -la pequeña- se lo merece, porque vio morir a su hermano y a su tío. Vio las cosas más duras de su vida ahí. Y mi hija mayor también, que ha perdido a un hermano. Y mis sobrinos, mi familia. Necesitamos todos vivir, seguir adelante.

El padre de Xavi siente que su hijo es un ángel que le acompaña. Cede sus fotos porque a él ya no hay que protegerlo.

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