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Mayda Daoud, tras dejar la política:“Si no combatimos el odio con la palabra, viviremos de mal en peor”

La expolítica del PSOE en Ceuta, Mayda Daoud, posa con la península al fondo. Foto cedida

Fuera de Ceuta Mayda Daoud apenas es conocida. Sin embargo, a sus 28 años deja tras de sí una carrera política que la ha llevado a primer plano durante la última década en su ciudad natal. Retirada hace solo unos meses de la primera línea, esta socialista lamenta los mensajes de WhatsApp atribuidos a la rama ceutí de Vox que llamaban a la guerra contra los musulmanes. Asegura que le cuadran dentro de su “populismo barato” y llama a una verdadera convivencia para acabar con el odio. Habla también de los jóvenes musulmanes como ella y de la islamofobia extendida a la que se enfrentan en toda España.

Con solo 19 años Mayda Daoud fue candidata al Senado por el PSOE de Ceuta y acabó siendo vicepresidenta segunda de la Asamblea de su ciudad en la pasada legislatura. Ahora Daoud piensa seguir como “militante activa”, pero desea centrar sus esfuerzos en dedicar más tiempo a su familia -especialmente a su hijo Omar, de 6 años- y en sus estudios de Filología Hispánica. Espera acabar la carrera en los próximos tres años y opositar para enseñar lengua y literatura en los institutos. Maestra de formación, espera compaginar esta nueva etapa con la enseñanza en un nuevo proyecto pendiente de perfilar.

Fiel lectora de Virginia Woolf, también le gustan las novelas históricas, aunque la que está terminando actualmente poco tiene que ver: Memorias de una salvaje, de Bebi Fernández (Ed. Planeta). Daoud atiende por teléfono a Salam Plan en su primera entrevista después de retirarse.

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¿Qué tal la nueva vida alejada de la política?

Siendo, de verdad, sincera: estoy feliz, porque a fin de cuentas era como todo en la vida, son momentos. Tocaba poner un punto y aparte a una época muy intensa, muy bonita, pero con muchos altibajos, como todo en la vida. Y entre esos altibajos estaba el no estar con las personas a las que quiero, el no dedicarles el tiempo suficiente a mi familia y a mi hijo, principalmente.

Pero por otro lado, lo he disfrutado muchísimo. He estado al pie del cañón, como aquel que dice, las 24 horas del día. De eso también he aprendido muchísimo. Al final la escucha activa es lo que necesita un político. Y esa escucha activa a día de hoy la llevo en mi día a día. Sigo siendo la misma, pero con otro rol, ahora de profesora.

Es que comenzó jovencísima en la política.

Me afilié al PSOE con 18 años [ríe] y recién cumplidos mis 19 fue como un bucle de acontecimientos que no pararon: ser candidata al Senado con 19 años, secretaria general de Juventudes [Socialistas], hasta llegar a la Asamblea con 23 y llegar a la Vicepresidencia Segunda. Ahora tengo 28 años y todavía soy muy joven, pero lo vivido ha sido muy intenso.

¿Cómo ha vivido desde fuera de la Asamblea de Ceuta toda la situación generada a raíz de los mensajes de WhatsApp atribuidos a la cúpula de Vox que llamaban a la guerra contra los musulmanes?

Lo que puedo llamar a eso y yo siempre, siempre lo he catalogado así, es -perdona por la expresión- un populismo barato. Es un grupo de gente que, como necesita de ese bombo mediático, y de esas ideas que al final no sé si lo que quieren hacer es un teatro o son mentiras… al final es un populismo barato que se cuece. Los mensajes de ese grupo de WhatsApp han sido terroríficos, pero no me han sorprendido, porque es que yo ya me lo imaginaba así.

No me llevé las manos a la cabeza ni nada, porque Vox de alguna forma se nutre de esos mensajes, de esas ideas. Han sido un poco más suaves en las elecciones autonómicas pasadas, han tenido su discurso islamófobo y supremacista, pero con un tono más suave, sin llegar a lo que hemos leído estos días. Pero no me ha sorprendido, son personas que tienen esa percepción. Ojalá eso se acabe y se le quite la máscara de populismo barato que quieren vendernos.

“Si la Justicia ha determinado que esos mensajes atribuidos a Vox no incitan al odio, es porque a lo mejor la interpretación de incitar al odio la tienen de una forma que no la tenemos los que la sufrimos en primera persona”

La Justicia ha desestimado las denuncias por presunto delito de odio. ¿Qué le parece?

La Justicia al final juzga y son los que saben o han interpretado de esa forma todo esto. Pero bueno, si la Justicia ha determinado que esos mensajes no incitan al odio, es porque a lo mejor la interpretación de incitar al odio la tienen de una forma que no la tenemos los que la sufrimos en primera persona. A pesar de ello, intentar condenarlo de forma tajante, porque no podemos tolerar que una sociedad como la que es Ceuta, que con su diversidad y su riqueza hemos convivido siempre bien, siendo de la religión que sea, terminemos con esos mensajes que ya han hecho mucho daño a los ceutíes.

¿Cómo es que incluso en Ceuta, donde la mitad de la población es musulmana, existen estas ideas contra los musulmanes? ¿Qué ha fallado?

Ha fallado, creo, el hecho de entender la convivencia como coexistencia. También esas mentes supremacistas, que lo que hacen es utilizar como arma arrojadiza el miedo a la islamización de Ceuta. O sea, vamos a utilizar la religión, que toca la fibra sensible de todo el mundo, a favor nuestra y para sembrar el discurso del miedo a… y que de alguna forma nos voten los ceutíes. Es muy triste que acabe de esa forma. Creo que una de las formas baratas de terminar con eso es entender la convivencia como tal, y no como coexistencia; y segundo, la Educación.

“En Ceuta ha fallado el hecho de entender la convivencia como coexistencia. También esas mentes supremacistas, que lo que hacen es utilizar como arma arrojadiza el miedo a la islamización de Ceuta”

Hace poco participó en una mesa redonda en Casa Árabe en Madrid sobre cómo son los jóvenes musulmanes. Sabiendo que cada persona es un mundo, cómo describiría usted a estos jóvenes.

Me gustaría definirlos como lo que son: son jóvenes. Tenemos inquietudes, sueños por hacer cosas o por conseguir nuestros objetivos: estudiar, trabajar, crear un negocio… o dedicarnos a cuestiones que nos vienen profesional y personalmente. Y creo que cualquier joven, tengamos la religión que tengamos, tenemos esas inquietudes. Eso sí, esas inquietudes se ven cercenadas cuando vemos que a día de hoy, existe una islamofobia normalizada en la sociedad, que es lo que nos da pena.

El joven es joven y estudiamos lo mismo que cualquier otro joven o tenemos las mismas ganas de hacer locuras varias, o dedicarnos a lo que nos gusta, aunque a nivel económico no podamos, o cualquier situación que viva cualquier joven de nuestro país.

Pero esa islamofobia que al final vemos que la mayoría [de las veces] las que la sufrimos somos las mujeres, vemos que nos frenan en seco o nos quieren frenar en seco nuestras posibilidades para llegar a avanzar profesionalmente. Ahí radica el principal estereotipo que nos marcan. Ser mujer musulmana u hombre musulmán, que se ve en menor medida, pero por ya tener un apellido distinto o por profesar la religión islámica, vemos que hay un tipo de segregación, que está latente en la sociedad.

Daoud planea dedicar más tiempo a su familia y a sus estudios de Filología Hispánica. Foto cedida

El velo es el tema controvertido por excelencia. Precisamente la mujer musulmana que lo lleva es la que más sufre esta discriminación, según coinciden asociaciones contra la islamofobia en toda Europa.

Sí, y se nos olvida que nosotros vivimos en un país aconfesional, que no tiene nada que ver con que la mujer decida o no decida llevar el hiyab con total libertad y pueda con él llevar cualquier actividad como cualquier otra mujer. Intentamos encorsetar en la mujer una idea de liberación o no liberación. ¿Cuándo es la mujer libre? ¿Cuando decide quitárselo o cuando decide llevarlo, o cuando el Estado o una empresa decide que esa mujer no es apta en el trabajo por utilizar el hiyab? Hay una controversia ahí creada en la que las mujeres siempre somos objeto de diana.

“Los jóvenes musulmanes tenemos inquietudes y sueños como cualquier joven, pero se ven cercenados con una islamofobia normalizada en la sociedad”

Usted ha pasado por las dos situaciones, llevarlo y no llevarlo mientras era cargo público. ¿Cómo se ha sentido frente a la sociedad en cada situación?

Llevándolo me he sentido siendo objeto de que era sumisa, era una persona no libre [ríe]. Tengo una experiencia muy graciosa: en un espacio que tuvimos hace unos cuantos años donde hablábamos los jóvenes políticos sobre la situación política y juvenil en nuestro país. Me tocaba hablar y yo hice un speech dedicado a eso exclusivamente, yo llevaba hiyab. Y de repente, uno del aforo, en vez de preguntarme por lo que estaba hablando, me preguntaba que cómo era posible que yo fuera socialista y llevara hiyab. Ese fue uno de los momentos más chocantes de toda mi etapa política.

Y nada, yo le contesté como buenamente pude: yo soy musulmana, y desde la religión que profeso, creo que la libertad individual y racional es el pilar fundamental de todo, del día a día. Al ser una mujer libre, decidí afiliarme al PSOE.

Tener que justificar el por qué llevarlo, de verdad que cansa. Y ya no te digo na’ más cuando te lo quitas. Cuando yo decidí quitarme el hiyab, eso fue también… ¡madre mía! Me dieron también la del pulpo, porque yo lo utilizaba para tal, que hacía un paripé… cuestionándome mi vida, por la decisión que tomé también libremente. Por un lado o por otro te vas a encontrar a personas criticando algo que no deben ni mencionar, porque es una decisión personal. Ya es hora de que las mujeres podamos salir libremente a la calle con lo que queramos, sin que nos tengan que objetar qué llevamos: que si la falda es demasiado corta o que si el hiyab nos tapa demasiado la cabeza y no se nos ve, por ejemplo, el cuello.

“Alguien me preguntó cómo era posible que yo fuera socialista y llevara hiyab. Cuando decidí quitármelo me dieron también la del pulpo. Ya es hora de que las mujeres podamos salir libremente a la calle con lo que queramos”

Usted se ha definido en otras ocasiones como feminista. Sin embargo, dentro del movimiento feminista muchas veces las mujeres musulmanas quedan excluidas o tienen dificultades en que les dejen formar parte del movimiento.

En el llamado “feminismo interseccional” yo me siento cómoda y lo soy. Soy una profunda feminista, pero que el feminismo mire a los ojos de cada mujer. Independientemente de la sociedad en la que vivimos, al final hay mujeres que por el mero hecho de llevar velo, las otras mujeres que se consideran feministas dicen que no lo puede ser.

Craso error que se diga eso, porque desde el punto de vista de mujer joven y musulmana, tenemos que recoger toda la diversidad de mujeres que somos en el mundo. Entonces, qué mejor feminismo que el interseccional, que no señala, que no segrega a la mujer dependiendo de dónde nazca o de dónde es su cultura.

En este sentido también tienen mucha culpa políticas de países como Irán o Arabia Saudí. De ahí surgen estos malentendidos, quizá.

Claro. Este tema daría para otra megaentrevista, porque es un tema muy, muy profundo, muy complejo. El hecho de catalogar el islam. A mí, como musulmana, el islam me recoge los preceptos que yo creo como mujer. Yo creo que no hay otra religión en el mundo que reivindique la igualdad entre hombres y mujeres como lo tiene el islam, pero -claro, yo eso lo digo ahora y a lo mejor hay alguna persona que -siendo musulmana- no piense lo mismo, o crea que la mujer es un objeto secundario, y no es así (…).

En países como Irán, Afganistán, Irak… en todos esos países el patriarcado ha hecho mucho daño. La interpretación masculinizada de lo que es la religión ha hecho mucho daño, además también de factores culturales que vienen de los años 80. Persépolis [premiado cómic de Marjane Satrapi, Norma Editorial] es un ejemplo claro de cómo evoluciona la sociedad dependiendo de la mano que la gobierna: esa visión de la mujer [iraní] de los años 70 que vivía en igualdad de condiciones, sin importar cómo iba vestida, y de repente ese cambio brusco a lo que estamos viviendo ahora.

Eso no tiene nada que ver con las mujeres musulmanas españolas, que decidamos llevar hiyab o no, se nos señale.

“Yo soy militante activa del PSOE, pero siempre es bueno respirar, ver otras cosas y avanzar profesionalmente en otras cuestiones. Aquí el partido sabe que estoy para lo que necesite, me va a tener siempre”.

Este curso ha dejado la vicepresidencia segunda de la Asamblea de Ceuta y tampoco figura ya como miembro del PSOE en Ceuta. ¿Se desvincula definitivamente del partido y de la política?

Nunca es definitivo. Yo soy militante activa del PSOE, pero es cierto que aquí en Ceuta lo aparté todo a un lado y siempre es bueno respirar, ver otras cosas y avanzar profesionalmente en otras cuestiones. Aquí el partido sabe que estoy para lo que necesite, me va a tener siempre.

¿Cree que su hijo y los niños de su edad vivirán una Ceuta de la convivencia que reclamaba usted al principio de la entrevista?

Yo creo que sí. Si tienen el ejemplo y la baza de padres y madres que tengan el mismo espíritu de luchar por una Ceuta libre de estereotipos y con una convivencia real, creo que mi hijo y sus compañeros tendrán esa Ceuta que realmente merecen. Si no, si nos quedamos dormidos, si no combatimos el odio, la xenofobia con la palabra -que es lo que creo que es fundamental- vamos a vivir de mal en peor.

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