Por esto triunfa el discurso xenófobo, antimusulmán y contra los refugiados en Hungría

Los periódicos regionales cuentan todos lo mismo y a favor del Gobierno de Orbán, como muestran estas portadas.

Lejos de perder votantes, el partido gobernante de Viktor Orbán arrasó en las elecciones tras convertir la política antimigratoria en el eje de su campaña. Un informe europeo al margen de los comicios advierte sobre el riesgo sistémico para el Estado de derecho en Hungría.

Un grupo de ancianas se pone de acuerdo para ir juntas a hacer la compra en su ciudad porque tienen miedo de que vengan los inmigrantes y las violen. No se trata de una escena ficticia. La describe Edit Inotai, analista del Centro para la Integración y Democracia Euro-Atlántica (CEID) de Hungría en conversación con Salam Plan. No puede evitar reír ante la impotencia de una situación que le parece ridícula. “Ni siquiera hay inmigrantes”, comenta.

László Cselényi, exdirector de la televisión internacional húngara Duna TV, critica que no exista un verdadero programa de gobierno. “Se basan en explotar el miedo ante lo desconocido, fomentando el odio hacia otras religiones y culturas”, asegura.

Cada vez más húngaros coinciden con la defensa a ultranza de la cultura húngara frente a un futurible aluvión de inmigrantes ilegales que son potenciales terroristas por proceder de países de mayoría musulmana y que, según el Gobierno magiar, esperan al otro lado de la verja fronteriza que levantó en plena crisis de los refugiados para llegar por miles en cuanto les dejen. Orbán y su partido, el Fidesz, repiten esta idea de la amenaza invasora desde hace años.

“Es más bien una cosa cultural, mantener la sociedad europea. No creo que los húngaros seamos muy creyentes, como los polacos”, apunta Inotai. “Yo también tengo amigos que viajan mucho al extranjero y de origen conservador y cuentan que ven mucha gente musulmana y dicen: ‘nosotros no queremos un país con tanta diversidad’”, cuenta la analista.

En palabras del portavoz gubernamental, Zoltan Kovacs, las personas que llegarían a Hungría en caso de que el Ejecutivo aceptara la cuota actual de unos 1.200 refugiados serían sinónimo de “problemas”. El equipo de Orbán no distingue entre solicitantes de asilo y migrantes económicos, por lo que Kovacs niega que la acogida sea una cuestión de derechos humanos. “El Gobierno rechaza firmemente el principio de que la migración actual debería ser vista como un derecho humano”, declaró recientemente.

“El Gobierno rechaza firmemente el principio de que la migración actual debería ser vista como un derecho humano”

El primer ministro fue reelegido el pasado domingo con el 49% de los votos y una participación del 70% para sorpresa de los analistas, reconoce Inotai, que pensaban que la alta participación favorecería a la oposición. Además, otro 20% se lo llevó el Jobbik, partido antes más a la derecha y que para estas elecciones trató de virar a la moderación para arrebatar votos al Fidesz.

El primer ministro aseguró en una entrevista en enero de este año con el diario alemán Bild que para él, los refugiados “no son refugiados, sino invasores musulmanes”. Argumentaba que por ello, muchos sirios habían tratado de llegar a la próspera Alemania pasando antes de largo por países “estables” como Hungría. Fue en 2015 cuando efectivamente pasaron muchos solicitantes de asilo por el país magiar, pero la mayoría se quedaron allí únicamente durante los días que el propio Ejecutivo de Orbán les impidió tomar trenes en la estación de Keleti en Budapest para seguir su camino fuera de Hungría.

“Todos los terroristas son básicamente inmigrantes”, manifestó en otra entrevista, ésta con Politico en 2015, aunque es una idea sostenida en el tiempo por este dirigente.

Propaganda sin contestación efectiva

Este aluvión discursivo contra los extranjeros, especialmente contra los extranjeros musulmanes, prácticamente no encontró ideas ni explicaciones contrarias. Poco importó que la mayoría de los terroristas que han atacado en los últimos años en Europa fueran nacidos o criados aquí, como los de Ripoll que atentaron en Cataluña o como los terroristas de los atentados de París. Poco importó que la inmensa mayoría de los terroristas nada tuviera que ver con los cientos de miles de solicitantes de asilo que llegaron en plena crisis de refugiados en Europa -si bien alguno sí se coló, como el joven que llegó aún sin cumplir la mayoría de edad y atacó con un hacha en un tren de cercanías bávaro-.

Poco importó incluso que por meros motivos prácticos pudiera interesar acoger a futuros trabajadores en una economía que ciertamente marcha bien con un paro entorno al 5%, en la que sin embargo hace falta mano de obra en sectores como la construcción, la sanidad o la educación, según Inotai. Eso sí, reconoce que la lengua húngara es muy complicada de aprender para los extranjeros.

Y es que, si en las elecciones de 2014 ya habían cerrado algunos medios de comunicación y algunas ONG críticas con el Gobierno ya habían sufrido redadas en sus sedes, para estos comicios la oposición mediática y política prácticamente había desaparecido. Cselényi recuerda que un amigo de Orbán llamado Mészáros Lörinc es dueño de 18 periódicos locales y regionales “que difunden los mismos contenidos propagandísticos”.

Inotai añade que aunque sí existe aún un medio crítico importante en Budapest, también las radios regionales son acríticas y solo en internet hay un espectro más amplio con opiniones divergentes a las de Orbán. Pero las personas mayores de las provincias no acceden a esos medios, opina.

Riesgo sistémico para el Estado de derecho

Este jueves, la eurodiputada Judith Sargentini ha presentado un informe sobre la situación política en Hungría ante la posibilidad de que el Estado magiar esté faltando a los principios de la Unión Europea de respeto a la dignidad humana, democracia, pluralidad, tolerancia, etc. establecidos en el artículo 2 del Tratado de Lisboa.

“Desde 2012, la Constitución se ha cambiado seis veces. La justicia ha perdido independencia en favor de control del Ejecutivo”, ha destacado la eurodiputada de Los Verdes en rueda de prensa. Igualmente, ha apuntado a asuntos como el cierre de medios de comunicación, una “nueva legislación que afecta a la libertad de religión, con iglesias registradas que se retiraron del registro”, o el acoso a algunas ONG y los problemas para la libertad de expresión.

A pesar de las acusaciones de eurodiputados del Fidesz de publicar el informe cuatro días después de las elecciones en su país a modo de venganza, Sargentini ha subrayado que inicialmente había planificado publicarlo en marzo y precisamente lo pospuso para no interferir en la campaña electoral. Además, ha señalado que su informe se basa en hechos documentados por organismos externos al Parlamento Europeo, como las Naciones Unidas o los propios tribunales húngaros.

Un informe de la OSCE sobre las elecciones de 2014 ya puso en serias dudas la limpieza de aquellos comicios, pues el Fidesz “disfrutaba de una ventaja indebida por las regulaciones de campaña restrictivas, cobertura mediática sesgada y actividades de campaña que difuminaban la separación entre el partido político y el Estado”. En esta ocasión, la OSCE ha incidido en que los telediarios daban la versión gubernamental de la actualidad y que la oposición no tuvo opción real a publicitar su mensaje.

La oposición tampoco quiere inmigrantes

Aún así, el mensaje de la oposición tampoco habría rebatido realmente la propaganda antimigratoria del equipo de Orbán. Para Inotai y Cselényi no cabe duda de que los comicios de este año han sufrido la falta de pluralidad en los discursos, no solo por el panorama mediático, sino también por los partidos de la oposición húngara.

“Los partidos de la oposición obviaron el tema de la inmigración -erróneamente- para no caer en la trampa de Fidesz. No se atrevieron a ir en contra de la opinión pública, dado que les acusaron de ser agentes al servicio de intereses extranjeros”, explica Cselényi.

“A la oposición le angustiaba mucho tocar este tema. Realmente ninguno está a favor de la inmigración, porque la sociedad no quiere”,

“A la oposición le angustiaba mucho tocar este tema. Realmente ninguno está a favor de la inmigración, porque la sociedad no quiere”, opina Inotai.

Hay otro factor más que explica el triunfo del discurso del miedo en Hungría, según esta experta. “No es solamente la propaganda antimusulmana, es también la situación feudal de Hungría. Los mejores resultados de Fidesz han sido en las provincias, donde reciben ayudas del Estado con programas de trabajo comunitario. Mucha gente vive de ello. Son muy pobres y en estas zonas no hay otro trabajo”.

El ‘informe Sargentini’ entra ahora en periodo de enmiendas y será votado finalmente el próximo septiembre. En caso de obtener al menos un tercio del acuerdo de la Eurocámara, se aplicará el artículo 7 del Tratado de Lisboa, que llevaría a sanciones contra los magiares por violar el Estado de Derecho según las normativas europeas.

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