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Cuando solo un ‘photoshop’ te puede devolver a tu familia o cómo sobrevivir al olvidado genocidio de Srebrenica

Esta superviviente del genocidio de Srebrenica hizo un fotomontaje por ordenador para poder tener una foto familiar. © War Childhood Museum

La única foto de familia que tiene esta superviviente es una conseguida gracias al fotomontaje. Su padre fue asesinado junto a otros más de 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes en el genocidio de Srebrenica del que ahora se cumplen 25 años.

“Siempre conservé la esperanza, y decía a los niños en el colegio que algún día (mi padre) volvería. Recuerdo que los niños me decían que era una mentirosa y que mi padre estaba muerto. Estaba tan triste, que un día fue a la escuela y dije a todos que mi padre había vuelto”, cuenta una superviviente de Srebrenica en una serie de testimonios sin nombre pero con rostro recopilados por el War Childhood Museum (Museo de la Infancia en Guerra).

“Nunca tuvimos la oportunidad de hacernos una foto de familia. Mi madre aún estaba embarazada cuando tuvo que despedirse de mi padre, así que mi hermana no llegó a conocerle”. Gracias a un montaje por ordenador, construyeron la foto con los cuatro juntos que muestra hoy. En 2010 obtuvieron la confirmación de su muerte. Su cuerpo había sido hallado. Habían pasado 15 años desde el genocidio.

Como ella, otro niño superviviente no sabía si su padre y sus dos hermanos mayores habrían conseguido sobrevivir. Algunos hombres y chicos volvieron, pero él tampoco tuvo esa suerte. Pasaron 13 años hasta que supo algo de su padre. Le llamaron del Instituto de Personas Desaparecidas. Habían encontrado su cuerpo. Dos años más tarde recibió otra llamada de esa institución: habían encontrado los cuerpos de sus dos hermanos. Bueno, parte de ellos.

Teníamos que ir al Instituto (de Personas Desaparecidas) a identificarlos. Faltaban dos terceras partes de los huesos. Nos enseñaron algunas fotos con los restos de su ropa y huesos”, recuerda.

Cuando empezó el conflicto bélico, él tenía 8 años. Recuerda cómo pasaban junto a su casa enormes grupos de personas huyendo y su padre les prestaba la ayuda que podía. Cuando supieron que iban a invadir Srebrenica, su progenitor y los dos hermanos mayores intentaron huir por el bosque a pesar de ser civiles, como tantos otros. Él y su madre huyeron hacia un centro controlado por los cascos azules de la ONU, desde donde les derivaron a una zona segura.

A ese mismo centro habían acudido la madre embarazada de la primera superviviente de este relato, la hija que ahora cuenta su historia y entonces tenía tres años… y su padre. Pero cuenta que en ese centro de Potocari denegaron ayuda a su padre: “Mi padre había oído que separaban a hombres y mujeres en la base de la ONU. Todos los hombres de la familia trataron de huir por el bosque. Pero mi padre no quería dejar a mi madre sola (…). Mi madre intentó convencerle para que se disfrazara de mujer para que no le capturaran. Se negó. Cuando llegaron los buses para evacuar a mujeres niños, no dejaron subirse a mi padre. Le dijeron que se fuera con los otros hombres”.

Hace un año, el Tribunal Supremo de Holanda reconoció la culpabilidad de sus cascos azules -responsables de aquel complejo de la ONU- por no atender a 350 hombres musulmanes que buscaron refugio allí. Hoy lamenta que su padre no tratar de huir por el bosque.

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Enesa y Sadif fueron de los que lo intentaron. Se habían prometido y esperaban un hijo. Antes, el hermano de Enesa había conseguido llegar a la localidad segura de Tuzla junto a su padre, que estaba enfermo y necesitaba tratamiento. El progenitor falleció al poco tiempo y su madre solo pudo llegar junto a su hijo -que entonces tenía 16 años- tras perder a su marido. Enesa seguía en Srebrenica: había preferido quedarse junto a su prometido con la promesa de unirse a ellos después. Pero nunca llegaron.

Los primeros cinco meses, el hermano y la madre iban a los campos de refugiados mostrando una foto de Enesa por si alguien la había visto. Durante años no supieron que había pasado con Enesa y Sadif. Hasta que recibieron la temida llamada del Instituto de Personas Desaparecidas. Habían encontrado el cuerpo de Enesa, gracias al ADN y sus ropas. Era 2002.

Todo ese tiempo la madre de Enesa había guardado con mimo un juego de ropa de cama azul que había comprado para su nieto; incluso lo lavaba y planchaba de vez en cuando para después volver a meterlo en su funda de plástico original. “Tras saber que Enesa había fallecido, mi madre siguió cuidando el juego de ropa de cama. Le llevó años contarme que, justo antes de dejar Srebrenica, (mi hermana) le había contado que estaba embarazada”, cuenta hoy su hermano.

Aún conserva una mantita azul de aquel juego del que su madre no se desprendió nunca y le gusta observarla con sus dos hijas. “Antes de saber que Enesa había muerto, simbolizaban la esperanza. Después de que encontraran su cuerpo, el set se convirtió en una parte de mi hermana que mi madre llevó con ella (hasta que falleció en 2016)”.

En 2015 también aparecieron los restos de su prometido, Sadif. Y gracias al testimonio de otros supervivientes, ahora el hermano de Enesa sabe que su cuñado la llevó en brazos a través del bosque cuando ella ya había muerto.

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El genocidio solo se reconoció oficialmente también muchos años después de la ejecución masiva de más de 8.000 varones musulmanes en aquella ciudad bosnia en 1995. El Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia de La Haya lo declaró oficialmente gracias -entre otras pruebas- a los casos documentados por William Haglund, el forense de la ONU que lideró la investigación en las fosas comunes del genocidio de Srebrenica. Los casos en los que se encontraron cuerpos incompletos de las personas ejecutadas a las órdenes de los serbios Ratko Mladic y Radovan Karadzic tampoco fueron casualidad ni algo fuera de lo habitual.

“De los al menos 132 individuos que encontramos (en la fosa común de Pilica), 53 estaban completos; 23 estaban casi completos; y el resto eran partes del cuerpo: podían ser torsos, piernas, huesos individuales, podían ser fragmentos de huesos”, explicó Haglund en La Haya en 2012 durante el juicio a Karadzic. El 63% de los cuerpos encontrados estaban, además, con los ojos tapados. Los restos mortales de las víctimas en fosas comunes iniciales “se cambiaron (parcialmente) de sitio y se enterraron en fosas secundarias en un intento de ocultar pruebas (…). En muchos casos, se encontraron partes del cuerpo de un individuo en varias fosas comunes distintas”, explicaron desde la Comisión Internacional de Personas Desaparecidas cuando también en 2012 anunciaron que habían sido “recuperadas más de 7.000 víctimas de Srebrenica”.

El 11 de julio de 1995 comenzó el asedio a Srebrenica que acabó en el asesinato masivo de más de 8.000 hombres y niños por su origen étnico y religión, y deportaron a más de 25.000 mujeres y ancianos de una ciudad que la ONU había declarado ‘zona segura’ poco antes. Actualmente, sigue existiendo negacionismo sobre lo que se ha calificado como el peor crimen de guerra cometido sobre suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.

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