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Musulmanes españoles que también lo dan “todo por la patria”: los tocayos Abdeselam

El guardia civil Abdeselam Mimon (i) y el policía Abdeselam Mehamed (d). Fotos cedidas a Salam Plan

“Que se vayan a su país”, desean algunos. Sin embargo, cerca de la mitad de los dos millones de musulmanes que viven en España son españoles. Y algunos de ellos forman parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Como los agentes Abdeselam Mehamed de la Policía Nacional y el agente Abdeselam Mimon de la Guardia Civil.

Abdeselam Mehamed Maanan estuvo destinado en Madrid y el País Vasco antes de volver a su ciudad natal, Melilla. A sus 63 años, lleva toda una vida dedicada al servicio ciudadano desde la Policía. Al menos, a eso es lo que más le gusta de su trabajo, su “vocación”, como dice él.

Estaba acabando la mili en Almería aún en tiempos de Franco, poco antes de que éste muriera, cuando fueron unos señores a reclutar agentes para lo que entonces era la Policía Armada. “La verdad, me convenció porque el tema era ayudar a las personas. Hice las pruebas y desde el servicio militar, directo para la academia [de policía]”, cuenta a Salam Plan por teléfono. Y eso que tenía el título de maestro, pero no le dio tiempo a ejercer.

Vocación por los demás

Primero estuvo en la capital. “Por desgracia, con lo que ocurría en el país, nos mandaron forzosos para el norte. Faltaba bastante personal en Euskadi y casi toda nuestra promoción fue para allá”. Pasó seis años en distintos lugares del País Vasco. Fue en el año 80, el más sangriento de ETA, cuando los terroristas asesinaron a casi 100 personas. “He visto personas, compañeros que lo han pasado muy mal, compañeros que sufrieron atentados”.

“He visto personas, compañeros que lo han pasado muy mal, compañeros que sufrieron atentados”

Un día se libró por muy poco de ser alcanzado por alguna bala, pero lo que vivió le dejó muy marcado. Volvían a casa en un convoy y “ametrallaron” a unos compañeros. Varios de ellos fallecieron. Su vehículo no se vio afectado, salieron a socorrer a los demás y aún guarda en la memoria la escena… “Era terrible”.

Otra tragedia que vivió, aunque no un atentado, también le dejó huella: una explosión de gas en un colegio de Ortuella, con decenas de niños fallecidos. Aún hoy su voz se torna triste al recordarlo.

Pero de todos sus años como policía, se queda con “estar al pie de la calle, con el ciudadano; he sido patrullero siempre, de toda la vida”. Le gusta pasar desapercibido, realizar su labor “en silencio”. Para no quedarnos con lo triste, recuerda con cariño el día en el que llevó en el coche patrulla junto a un compañero a una mujer embarazada que dio a luz en el asiento trasero antes de llegar al hospital.

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La casualidad ha querido que el otro protagonista de esta historia se llame también Abdeselam, Abdeselam Mimon Mohamed. Es guardia civil y actualmente también está destinado en Melilla, aunque también sirvió antes por otros lugares de la geografía española: Granada, Jaén, Argucias (Gerona)… Tiene 48 años y lleva 27 en el cuerpo.

“Toda mi familia es comerciante, pero a mí siempre me han gustado los cuerpos [de las fuerzas de Seguridad], la ayuda a los demás…” Cada vez que pasaba por la frontera de su Melilla natal y veía a los policías y guardias civiles, le gustaba y se planteaba opositar. “A ver si puedo hacer algo por mí y por los demás”, pensó.

Su trabajo está en la frontera, ayudando en el control y tránsito de las porteadoras (mayoritariamente son mujeres) que trabajan a diario llevando mercancías en enormes fardos cargados a sus espaldas desde Marruecos a España. Dice que su labor es facilitarles el trabajo y se asegura de que no haya accidentes. “Se acumulan entre 4.000 y 6.000 personas diariamente allí de lunes a jueves. Tenemos que ordenarlos para que no se produzcan avalanchas”.

Cuenta que -al manejar varios idiomas, incluida una lengua bereber, un poco de árabe y francés- ya le conocen en los controles y recurren a él cuando necesitan ayuda. Por ejemplo, si se han herido. “Lo que más me gusta es ayudar a la gente, gente muy necesitada y que carece de lo más básico que tenemos. Lo que hacemos es ayudarlos tanto para entrar en la ciudad como en la salida”.

 

Durante el tiempo que pasó en el pueblo gerundense de Argucias trabó “buenas amistades” y se confiesa “sorprendido por el cambio [en Cataluña] y las cosas que se ven y se escuchan en los medios”. Pasó tres años allí a principios de los años 90 y guarda muy buenos recuerdos. “La verdad es que nunca tuvimos ningún problema”. Dice que en algunas ocasiones se encontraban con pegatinas de “ocupación” en los vehículos o en los semáforos… pero no les da importancia. En general, “la gente estaba encantada con nosotros”.

Patriota convencido como guardia civil que es, para él “la bandera de España es la bandera que nos reúne a todos, indiferentemente de su raza, religión, sus creencias y hasta la fecha ha mantenido un país estable y la paz y el bienestar a todo el mundo”.

“Lo que más me gusta, es ayudar a los porteadores de mercancía en la frontera, gente muy necesitada. Lo que hacemos es ayudarlos tanto para entrar en la ciudad como en la salida”

Ha recibido varios galardones por su trabajo. Pero dice que no le gusta alardear de ello. Tampoco a su tocayo. La periodista descubre por casualidad que está condecorado cuando están a punto de finalizar la conversación. Pero el hombre no suelta prenda. Asegura que “la mayoría” de los agentes están condecorados tras cierto tiempo en el Cuerpo Nacional de Policía e insiste en dejarlo estar. Sí que accede a compartir la foto de aquel momento.

El policía Abdeselam Mehamed recibe una condecoración. Foto cedida

El agente de la Policía es aficionado a la carpintería y utiliza una habitación de su casa como taller. Cuando habla con Salam Plan, acaba de serrar un par de maderillas para la mesa plegable que está construyendo. Asegura que solo hay que tener “algo” de maña y que “no es tan difícil”. La misma modestia. Al agente de la Benemérita por su parte, le gusta el Wing Chu, un tipo de kung-fu que se basa en la “economía de energía” en la lucha y que es “muy espiritual al mismo tiempo”, explica.

Cuando la palabra “integración” duele

Ambos aseguran que nunca se han sentido discriminados por ser musulmanes. Pero a la vez el guardia civil admite haber oído “muchas barbaridades” y el policía reconoce que “siempre ha habido algo, pero mínimo, de cualquier persona que haya consumido alcohol, un simple comentario…”. Para los compañeros solo tienen buenas palabras.

El agente Mehamed siente a sus compañeros como una gran familia. Por eso “palabras como ‘integración’ te duelen, porque no deben existir. Yo lo único que creo es en Dios. Para mí, izar la bandera es para siempre. Hay personas que dicen: ‘Éste, porque es de origen bereber’. Mire usted, cada persona es originaria de un sitio”. Para él, la integración sirve “para potenciar la capacidad de un país y mejorar la situación de todos”.

“Palabras como ‘integración’ te duelen, porque no deben existir. Yo lo único que creo es en Dios. Para mí, izar la bandera es para siempre”

Para su amigo y compañero de patrulla durante más de 6 años, Jesús Ruiz Barranco, Abdeselam Mehamed es un hombre “muy sabio” que le ha enseñado a abordar las cosas “desde un punto de vista objetivo”. El representante del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en Melilla asegura haber aprendido mucho de Abdeselam: “El me ha dado amplitud de miras”.

Sobre los inmigrantes que cruzan la valla en Melilla, el agente Mehamed reconoce que él probablemente también saltaría. “Creo que en sus países tampoco tienen nada. No son malas personas”. Y cuenta, sorprendido, que “hace unos días estuve hablando con un señor que es ingeniero en telecomunicaciones”. Pensó que le estaba mintiendo, pero “no, no, me lo demostró (…) y me hablaba de que a sus padres los mataron”.

La Fiesta Nacional para los agentes Mimon y Mehamed

El agente Mimon dice que para él su fe musulmana es “como la base de todas las creencias: el bien común, ayudar al prójimo”. Para él, la celebración de la Virgen del Pilar cada 12 de octubre, patrona de la Guardia Civil, significa “un día especial para todos los compañeros: cada uno tiene sus costumbres, sus creencias, pero es algo que nos une y con eso es suficiente”. Por otra parte, en el islam la figura de María, madre de Jesús, es muy querida. De hecho, el Corán le dedica una sura (capítulo) entera.

Abdeselam Mehamed tiene especial cariño a esta foto del inicio de su carrera. Foto cedida

Al policía Abdeselam Mehamed ya le falta poco para la jubilación y asegura que “ya me gustaría darle la vuelta a la cosa y volver a entrar con 21 años”. Para él, su trabajo es “toda mi vida, todo lo que tengo es mi país el que me lo ha dado. No tengo otra bandera más que la que juré”.

Su tocayo, el guardia civil Abdeselam Mimon, también lo tiene claro: “Yo he dado todo por la patria hasta la fecha. He cumplido como he podido allá donde he estado”. Y otros seguirán su ejemplo.

El policía siente que en Melilla “se quiere mucho a la Policía y a la Guardia Civil, de un lado y de otro”. Y cuenta que hay jóvenes musulmanes que le preguntan interesados por hacerse policías. “Son chavales que están completamente integrados”. Cuando él se cambió a Melilla, eran tres agentes musulmanes. Ahora son muchos más y hay matrimonios entre musulmanes y cristianos. “Va la cosa de maravilla”.

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