Nadia Murad, una Nobel de la Paz que transformó su tragedia en fortaleza

Nadia Murad. Ilustr. Niklas Elmehed. © Nobel Media

Parece poca cosa a primera vista. Una chica menuda, con un cuerpecillo finito, que exhala modestia por todos sus poros. De hecho, mientras es tendencia a nivel mundial en Twitter, Nadia Murad se mantiene en silencio en la red donde la siguen 104.000 personas.

Así apareció la joven Nadia Murad en la última Feria del Libro de Madrid en un acto organizado por el Parlamento Europeo por el 30 aniversario de los Premios Sajarov a la defensa de los derechos humanos. Ese galardón concedido a la joven yazidí iraquí en 2016 o su distinción como embajadora de buena voluntad de la ONU hacían presagiar que quien fuera esclava sexual del Daesh sería algún día distinguida con el Nobel de la Paz.

Tenía 21 años cuando los terroristas irrumpieron en su pequeña aldea del norte de Irak cuando el 15 de agosto de 2014. Mataron a su madre y seis de sus hermanos, además de muchos más hombres y mujeres. A ella se la llevaron secuestrada junto a tantas otras niñas y chicas de la minoría yazidí y la vendieron como esclava sexual. Consiguió huir y contar no solo su calvario, sino aquel al que los terroristas estaban sometiendo a todo el pueblo yazidí.

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Transformó la tragedia y el horror en su fortaleza. Se alzó en la voz de su pueblo, porque se propuso: “Yo seré la última”, y así tituló su libro (editorial Plaza & Janés). Su testimonio sobre su cautiverio y su lucha contra los terroristas ha dado la vuelta al mundo. Y con ella la gente también se enteró de que existía una minoría llamada “yazidí”, perteneciente a una antigua religión monoteísta de la que apenas quedan un millón de creyentes en todo el mundo, según las explicaciones de Nadia Murad.

El Nobel de la Paz viene a completar un año feliz para Nadia: se prometió a su novio -otro activista yazidí- el 19 de agosto. Así lo anunció en Twitter: “Ayer fue un día especial para Abid Shamdeen y para mí. Estamos agradecidos y honrados por todos los deseos y apoyo de nuestra familia y amigos. La lucha por nuestra gente nos unió y continuaremos este camino juntos. ¡Gracias por vuestro apoyo a todos!”

Ha rehecho su vida en Alemania, aunque viaja a menudo para que nadie olvide. La eurodiputada Beatriz Becerra defendió su candidatura al Premio Sajarov y la conoce bien. “Lo normal es que alguien que pase por lo que ella pasó, se dedicara a recomponer su vida y tratar de sobrevivir”, dice Becerra a Salam Plan. Pero es que Nadia Murad no es “normal”. Y no busca venganza, sino “justicia democrática” ante La Haya, como destaca la eurodiputada.

“Es una persona dulce, encantadora, de apariencia física frágil, pero nada se le resiste. Ninguna puerta se le cierra”

— Beatriz Becerra, eurodiputada

“Es una persona dulce, encantadora, de apariencia física frágil, pero nada se le resiste. Ninguna puerta se le cierra”, la define esta política que es también su admiradora.

Entre sus aliados cuenta con la ONU, con el Parlamento Europeo (PE) y con voces tan potentes como la abogada por los derechos humanos Amal Clooney, que también defiende su causa y trabaja para que los terroristas de Daesh paguen en los tribunales internacionales por los crímenes que han cometido.

Pero además, Nadia Murad también ha creado Nadia’s Initiative “en defensa de las mujeres y minorías” así como para “ayudar a estabilizar y desarrollar comunidades en crisis”, ahora centrada en la región de Sinyar (Iraq) de donde ella procede. Y eso que parecía poca cosa. Nadia Murad, Nobel de la Paz 2018.

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